La Compasión de Dios
Por Padre Pedro de Oliveira, OFM Conv.

El Antiguo Testamento

La doctrina del Pathos de Dios

Una divina atención e inquietud por la humanidad, una participación en la historia.  Dios está completamente vivo en todas las formas y profundamente envuelto en la vida de Sus criaturas.  La íntima relación de Dios con la humanidad.

Esta doctrina se refiere a la verdad de que Dios, el Creador de cielo y tierra, se preocupa profundamente por cada individuo.  Dios es todo-personal, todo-subjetivo.  Dios está profundamente envuelto en los asuntos humanos.  El está profundamente enamorado de la humanidad.  Nuestra justicia es Su gozo, así como nuestra injusticia es Su angustia.  Dios es movido y afectado por todo lo que pasa en el mundo, y reacciona apropiadamente.  Los eventos y acciones humanas provocan en El gozo o tristeza, placer o ira.  Justicia y amor despiertan en El gozo y placer, injusticia, odio y pecado despiertan en El tristeza y enojo.  Dios no es indiferente al mal.  El está siempre preocupado, El está personalmente afectado por lo que el hombre hace al hombre.  ¡El corazón de Dios no es de piedra!  El presencia nuestras aflicciones; El escucha nuestros lamentos; El conoce nuestro sufrimiento; y El está intimamente afectado por ellos.  "Una persona es un ser cuya angustia puede alcanzar el corazón de Dios.Nuestra angustia toca el corazón de Dios; Lo afecta y Lo mueve a compasión.  (Exodo 3: 6-9;  Exodo 34: 6-7)

"Cada grito de dolor existe para siempre en la mente de Dios."

Las acciones del hombre son las más íntimas y profundas preocupaciones de Dios.  Dios no se mantiene al margen del sufrimiento y dolor humano.  El está personalmente envuelto en él, aún agitado por, la conducta y destino del hombre.  Dios está preocupado acerca del mundo y comparte en su destino.  El apuro del hombre es un apuro de Dios quien tiene un interés en la situación humana.  El pecado, culpabilidad y sufrimiento no pueden ser separados de la situación divina.  La vida de pecado es más que un fallo del hombre; es una frustración para Dios.

El significado esencial de pathos es que Dios está envuelto en la historia.  El está comprometido con la humanidad - y tiene un interés en su destino.  En la ceremonia matrimonial judía el novio y la novia beben de la misma copa de vino.  Esta acción simboliza su compromiso.  Dios está comprometido con la humanidad en pathos.  Usando el símbolo de la ceremonia matrimonial, Dios y el hombre beben de la misma copa juntos, ya sea ésta una copa de gozo o sufrimiento, placer o dolor, dependiendo en la respuesta libre del hombre a Dios y la respuesta libre de Dios a las acciones del hombre.  La humanidad no es solamente una imagen de Dios; la humanidad es una preocupación perpetua de Dios.  La humanidad es un consorte, un asociado en la vida de Dios.

El Nuevo Testamento

Jesucristo: La Encarnación de la Compasión de Dios

En Jesús, la compasión de Dios se nos hace visible.  Jesús es la encarnación concreta de esta divina compasión en nuestro mundo.  En Jesucristo, Dios se revela a Sí mismo a nosotros como un Dios de compasión.  Esta divina compasión es manifestada al estar Dios con nosotros como un servidor sufriente.  Dios está con nosotros, El siente con nosotros profundamente y tiernamente.  El permite que nuestra pena humana resuene en lo más profundo de Su ser.

El ministerio sanador de Jesús

La respuesta de Jesús al ignorante, el hambriento, el ciego, los leprosos, las viudas y todos aquéllos que vinieron a El con sus sufrimientos fluye de la divina compasión que hizo a Dios convertirse en uno de nosotros.  En el ministerio sanador de Jesús lo que es importante no es la cura del enfermo, sino la profunda compasión que movió a Jesús a hacerlas.

Hay una hermosa expresión en los Evangelios que aparece solamente doce veces y es usada exclusivamente en referencia a Jesús o su Padre.  Esta expresión es "ser movido a compasión.El verbo griego splangchnizomai nos revela el profundo y poderoso significado de esta expresión.  Las splangchna son las entrañas del cuerpo, como diríamos hoy, el valor.  Ellos son los lugares donde nuestras más íntimas e intensas emociones están localizadas.  Ellos son el centro de donde ambos, el amor y odio apasionado crecen.  Cuando los Evangelios nos hablan acerca de la compasión de Jesús como su ser siendo movido en sus entrañas, ellos están expresando algo muy profundo y misterioso.  La compasión que Jesús sintió fué obviamente muy diferente de los sentimientos superficiales o pasajeros de pesar o condolencia.  Más bien ella se extiende a las partes más vulnerables de Su ser.  Cuando Jesús era movido a compasión, la fuente de toda vida temblaba, el fundamento de todo amor se abría como un estallido y los abismos de la ternura inmensa, interminable e inmensurable de Dios se revelaban.

Este es el misterio de la compasión de Dios hecha visible en las historias sanadoras del Nuevo Testamento.  Aquéllos en necesidad de Jesús, lo movieron e hicieron sentir a El con todas sus más íntimas sensibilidades la profundidad de sus penas.  El se volvía perdido con el perdido, hambriento con el hambriento y enfermo con el enfermo.  En El, todos los sufrimientos eran sentidos con una sensibilidad perfecta.  El abrazaba todas las cosas humanas con la infinita ternura de su compasión.

Fué por razón de la compasión que la sanación de Jesús tuvo lugar.  El no curaba para probar, impresionar o convencer.  Sus curaciones eran la expresión natural de ser nuestro Dios.  El misterio del amor de Dios no es que El nos quita nuestras penas sino que El primero quiere compartirlas con nosotros.  Por razón de esta divina solidaridad con nosotros es que se produce una nueva vida.  (La solidaridad de Jesús con la raza humana: Filipenses 2: 6-8)

La compasión no es el alcanzar desde lo alto a aquéllos menos afortunados bajo nosotros; no es un gesto de simpatía o lástima hacia aquéllos que fallan en sus actos.  Por el contrario, la compasión significa el ir directamente a aquellas personas y lugares donde el sufrimiento es más agudo y construir nuestra estancia allí.  Eso fué lo que Jesús hizo por nosotros.

La entrega y humillación de Jesús no fueron un paso fuera de su verdadera naturaleza.  El convertirse en uno como nosotros y el morir en la cruz no es una interrupción temporal de su divina existencia.  Más bien, en la entrega y humildad de Cristo encontramos a Dios, vemos quién Dios verdaderamente es, venimos a conocer su verdadera divinidad.

La Iglesia

Jesús nos dió el mandamiento: "Sean compasivos como su Padre es compasivo."

Al decir, "Sean compasivos como su Padre es compasivo," Jesús nos invita a estar tan cerca unos de otros como Dios está de nosotros.  El aún nos pide que nos amemos unos a los otros con la misma compasión de Dios.  El mandamiento de Jesús, "Sean compasivos como su Padre es compasivo," es un mandamiento a participar en la compasión del mismo Dios.  La compasión no es meramente una virtud que debemos ejercitar en circunstancias especiales o una actitud a la cual debemos acudir cuando otras maneras de responder han sido agotadas, sino que es la manera natural de ser en el mundo.  ¿Cómo podemos nosotros creativamente responder a la llamada de Jesús a ser compasivos?  La respuesta a esa pregunta está en: ¡Discipulado y Comunidad!  (Filipenses 2:1-4;  Acts 2:44-47)

La vida compasiva es una vida juntos.  La compasión no es un rasgo de carácter individual, una actitud personal, o un talento especial, sino una manera de vivir reunidos.  En Filipenses 2: 1-4, Pablo nos dice que la vida compasiva es una vida en comunidad.  Somos testigos de la presencia compasiva de Dios en el mundo por la manera en que vivimos y trabajamos juntos.  Una vida compasiva es una vida en la cual el compañerismo con Cristo se revela en un nuevo compañerismo entre aquéllos que lo siguen. 

Frecuentemente tenemos la tendencia a pensar que la compasión es un logro individual, y fácilmente perdemos la vista al hecho de su naturaleza comunal esencial.  Una comunidad compasiva es una en la cual todos tienen la misma mente y corazón: ¡la mente y corazón de Cristo!  Seguir a Cristo significa relacionarnos unos a otros con la mente de Cristo; esto es relacionarnos unos con los otros como Cristo lo hizo con nosotros.  Discipulado es caminar juntos en la misma dirección.

La compasión, entonces, nunca puede ser separada de la comunidad.  La compasión siempre se revela a ella misma en comunidad, en una nueva manera de estar reunidos.  Compañerismo con Cristo es compañerismo con nuestros hermanos y hermanas.  En la comunidad cristiana, nos reunimos en el nombre de Cristo y así lo experimentamos a El en medio de un mundo sufriente.  Dondequiera que una verdadera comunidad cristiana se forma, la compasión ocurre en el mundo.  La energía que irradiaba de las primeras comunidades cristianas era ciertamente energía divina que tenía una influencia transformadora en todos aquéllos que la presenciaban.  Esa misma energía continúa mostrándose a sí misma siempre que las personas se reúnen en el nombre de Cristo y cargan sobre sus hombros el yugo de humildad y gentileza de corazón que El mostró.

La Iglesia es una comunidad de creyentes, discípulos llamados por Cristo.  La unión de la comunidad cristiana no es el resultado de enojo o ansiedad compartida; ella crece de un sentido profundo de permanecer reunidos para hacer la compasión de Dios visible en los hechos concretos de la vida diaria.  (Acts 2: 44-47)

En la comunidad cristiana, nos reunimos sobre la base de nuestra fragilidad humana y nuestra necesidad común de sanación.  Y encontramos esta sanación común, así como el ser instrumentos de esta misma sanación de unos por los otros, en Cristo, y en la comunidad cristiana, que es la compasión viva de Cristo hecha visible en nuestro mundo.